La relación entre

la salud y el comportamiento

Irene Pérez Piñel

Me llamo Irene, y desde hace 15 años soy veterinaria especializada en etología clínica y modificación de conducta. Sonia y Sergio, de Mente Canina, me han invitado a publicar un artículo en su sitio, y qué mejor idea que explicaros la gran correlación existente entre salud y comportamiento.

 

Cuando un propietario tiene un perro con un problema de conducta, las iniciativas suelen ir dirigidas a eliminar esa conducta.

 

A menudo muchos adiestradores y educadores se centran también en ese mismo objetivo: que la conducta indeseada desaparezca.

 

Esto implica dejar de lado las distintas causas que pueden provocar dicha conducta. Y supone también ignorar la compleja relación que existe entre el comportamiento que manifiesta un individuo (no solo perros) y la influencia de múltiples factores externos…. E internos.

 

Los factores externos que influyen y determinan una parte importante del comportamiento son muchos y de naturaleza muy diversa.  Los factores internos también.

 

Voy a centrarme en estos últimos, por un lado por su gran importancia, y por otro porque a menudo pasan totalmente desapercibidos para el propietario (e incluso para muchos veterinarios).

 

Esos factores internos pueden dar lugar a una conducta inadecuada de modo constante o intermitente, y si no se tienen en cuenta, las técnicas habituales de modificación de conducta tendrán resultados mediocres en el mejor de los casos, o directamente no funcionarán, en el peor.

 

Antes de organizar un plan de modificación de conducta que requiere esfuerzos, cambio de hábitos, gastos económicos, desgaste emocional y una gran implicación para lograr resultados a largo plazo, hay que estar totalmente seguro de que tu perro no tiene una alteración de salud que está provocando o incrementando la aparición de las conductas problemáticas.

 

Porque si es así, el incidir sobre esa patología tendrá un efecto mucho más importante, rápido y duradero que las terapias de modificación de conducta. Y con mucho menos esfuerzo por tu parte.

 

Y si por desgracia la patología no tiene cura, el saber que tu perro no se porta mal sino que está enfermo siempre es un alivio.

 

Aprender entonces cómo hacer que se encuentre mejor y asumir que tendrá días buenos y días malos, dándole espacio y teniendo paciencia en estos últimos hará que la convivencia sea mucho más llevadera.

 

Así que antes de lanzarse a inhibir los ladridos de un perro que no calla, o a regañar a un perro que gruñe o que tira de la correa, hay que distanciarse y valorar las posibles razones. Y empezar por su salud.

 

¿Cómo te sientes cuándo tienes una cita importante y estás en un atasco monumental?. ¿Y cuándo te dicen que tienes que dar una charla ante un público numeroso?. ¿Y si tienes que hacer un viaje largo en avión y “detestas” volar?.

 

Enfado, miedo, ansiedad…. Nos resulta fácil imaginar cómo nos sentiríamos en esos y otros tantos contextos. Lo que ya  no parece tan sencillo es predecir cuáles serán nuestras conductas en esas situaciones.

 

Y no solo durante, sino algún tiempo después de esas situaciones. Pero entendemos que los momentos emocionalmente intensos alteran nuestro comportamiento habitual, mientras nos enfrentamos a ellos y después de haberlo hecho. Si la situación fue lo bastante intensa, puede influir en nosotros hasta meses o años después de haber ocurrido.

 

¿Y cómo crees que se siente tu perro cuando le quitas la comida después de habérsela puesto delante?. ¿Y cuándo suena  un trueno lejano que avisa de una gran tormenta y tu perro “detesta” las tormentas?. ¿Y si tiene que pasar (otra vez) por delante de esas casas donde varios perros enormes salen lanzados contra la valla y le ladran y amenazan?.

 

Enfado, miedo, ansiedad….. Estas emociones son comunes a perros y personas. Los efectos inmediatos y a medio plazo sobre la conducta también lo son.

 

Si puedes entender esto, ¿puedes imaginar cómo te sentirías si una muela lleva una semana doliéndote?. ¿O si tienes que hacer una reunión de trabajo con ese ardor de estómago que no termina de dejarte en paz?. ¿O qué harías si tuvieses que levantar una carga pesada sabiendo que tienes lumbalgia?.

 

Tu conducta también se ve seriamente afectada cuando tienes un problema de salud. Y ese problema de salud no tiene porqué ser grave o provocar síntomas llamativos. Un dolor de oídos o de ojos, un problema que genere nauseas o vértigos, una patología digestiva crónica no muy severa pero que no se cura…. Hay cientos de pequeños problemas que no te impiden seguir con tu vida, pero que influyen en tu conducta cotidiana, en tu humor y en tu  modo de relacionarte con tu entorno.

 

Como ser humano, si te das cuenta de la relación entre tu ardor de estómago y la contestación grosera que le diste a tu pareja por una tontería, puedes verbalizarlo fácilmente y solucionarlo. Tu perro no tiene esa opción.

 

Y es que los problemas de salud tienen una gran influencia en los comportamientos cotidianos de nuestros perros. A veces esa conducta inadecuada, exagerada o alterada que te preocupa de tu perro es el único síntoma visible que está presentando esa enfermedad.

 

Y esta situación, que igual crees que solo le ocurre a unos pocos animales, es más habitual de lo que imaginas.

 

Muchos perros, jóvenes o mayores, tienen algún problema de salud (generalmente de meses o años de duración) que está influyendo en sus conductas. Y provocando esos comportamientos que suponen un problema de convivencia.

 

Una de las principales consecuencias de esta situación es que cualquier técnica de modificación de conducta tendrá resultados pobres en el mejor de los casos. Porque la conducta derivada de una alteración de la salud está motivada por una emoción intensa (dolor y miedo) y/o por una alteración bioquímica interna.

 

Si no detectamos esa patología, no podremos intervenir para modificar el dolor o la bioquímica que actúan sobre el comportamiento.

 

¿Y entonces que hay qué hacer?.

 

En primer lugar, no descartes nunca un problema físico por el simple hecho de que tu perro coma con normalidad, juegue o se vea contento.

 

El dolor o el malestar no se manifiestan únicamente quejándose. De hecho, quejarse es un modo poco habitual de demostrar dolor, sobre todo si es de intensidad leve o moderada (lo habitual en dolores crónicos).

 

En segundo lugar, debes conocer qué problemas de salud tienen una incidencia sobre el comportamiento y valorar si tu perro podría encajar en alguno de esos problemas.

 

En realidad, cualquier enfermedad o proceso doloroso va a alterar la conducta normal, pero no todos los perros manifiestan conductas molestas, problemáticas o extrañas mientras padecen dolores o una enfermedad.

 

Pero para simplificarte el trabajo, aquí tienes un listado de los problemas de salud que con más frecuencia alteran el comportamiento en perros, por un lado por su alta presentación clínica, y por otro por su importancia sobre la conducta canina.

 

1 Patologías que cursan con dolor

 

Estamos acostumbrados a considerar solo un tipo de conducta para cada problema, cuando con frecuencia las cosas no son tan simples.

 

En el tema que nos ocupa, si algo duele, pensamos que el perro se quejará, dejará de comer o estará triste o apático. Y a menudo no es así.

 

Por lo tanto ten presente que es posible que tu perro, en lugar de quejarse, manifieste su dolor mordiendo todo lo que tiene a su alcance.

 

O siendo hiperactivo. O gruñendo a desconocidos. O ladrando sin cesar a cualquier cosa. O lanzándose a por otros perros.

 

Y si ese dolor se corrige, la conducta alterada seguramente también.

 

¿Qué patologías pueden cursar con dolor?

 

Muchas. Detallo las más corrientes:

 

Displasia de cadera

 

Supongo que este término te suena.

 

Es una alteración hereditaria por la que la pata no encaja bien en la cadera. Suele afectar ambas extremidades, aunque una está habitualmente peor que la otra.

 

Externamente puede que no aprecies nada, o quizá veas detalles como: corre como un conejo, se sienta despacio cuando se lo pides, o directamente no obedece esa orden, se sienta apoyándose siempre en un mismo lado en lugar de sobre ambas patas, se cansa en los paseos, es reacio a hacer ejercicio o “no le gusta salir de paseo”, duda o no quiere subir escaleras o al coche.

 

Algunos se van al extremo opuesto y son hiperactivos, siempre están en movimiento y parece que nunca se cansan.

 

Esto ocurre porque el dolor libera endorfinas, que tienen un efecto calmante y alivian el sufrimiento. El perro intenta mitigar el dolor provocándolo.

 

 Si observas estas anormalidades en tu perro, hay fundamentos para pensar que sufre dolor y trata de evitarlo.

 

Este problema suele manifestarse ya desde joven, y empeora con los años.

 

Se diagnostica con una radiografía realizada bajo sedación. Y normalmente no se trata (ya que requiere cirugía) si no limita notablemente la movilidad del animal.

 

Si tu perro tiene displasia, el manejo con antiinflamatorios y condroprotectores mejorara notablemente el dolor.

 

Y te permitirá comprender que posiblemente ese rechazo a ciertos perros no sea “agresividad”, sino un intento de evitar dolor. Que los paseos le vienen grandes porque termina sufriendo en lugar de disfrutando, y por lo tanto será preferible reducir su duración y plantearle retos mentales antes que físicos para que pueda disfrutar sin sufrir. Y que aquella vez que gruñó a tu vecino ahora te das cuenta de que  le estaba dando palmadas en el lomo (y seguramente haciéndole daño sin saberlo).

 

El problema no tiene solución, pero puedes realizar muchas acciones destinadas a mejorar la salud física de tu perro, y verás como la conducta mejora al  mismo tiempo sin que tengas que hacer nada concreto para modificarla.

 

Y si hay un día malo, al menos sabrás lo que está pasando.

 

Displasia de codo

 

Es menos habitual, aunque también es posible que se vea menos porque los veterinarios la buscamos menos :)

 

Es una malformación hereditaria de la articulación del codo, que es bastante más compleja que la de la cadera. Tiene bastantes piezas, y con que una no encaje bien, ya hay un problema.

 

Valorar si tu perro tiene este problema es algo más complicado en base a observaciones rutinarias.

 

Puede que ande raro con las manos, que abra los codos o que extienda muy poco las patas delanteras cuando camina o corre. Que sea reacio a bajar escaleras, cuestas o desde los muebles o el coche. O que cuando le pides que te dé la pata lo haga lentamente o no la suba más allá de cierta altura.

 

El diagnóstico también se hace con radiografías en varios ángulos y bajo sedación. Y de nuevo el tratamiento agresivo es quirúrgico, por lo que si no hay cojeras se debe valorar detenidamente la conveniencia de operar o no con un traumatólogo que dé una visión clara de posibles resultados a corto y largo plazo.

 

El manejo cotidiano sería similar al de la displasia: control del dolor (antiinflamatorios), prevención de artrosis prematuras (condroprotectores), regulación de los paseos y de la actividad física con aumento de los retos mentales, y paciencia si tiene un mal día, J.

 

Alteraciones de columna

 

Según qué fuentes consultes, parece que entre un 50 y un 70% de los perros con conductas de agresión tiene un problema en la columna.

 

Lo que si es seguro es que si tu perro tiene una alteración de la columna, le está influyendo en el comportamiento diario, posiblemente de modo negativo.

 

Dentro de las alteraciones de columna tenemos las hereditarias o congénitas, que empezarán a manifestarse en el animal joven, y las debidas a la edad (comprensión vertebral), a patologías de perros mayores (tumores vertebrales), a predisposición anatómica/racial (como en el teckel o el basset) o a traumatismos o infecciones.

 

El rasgo común es que producen dolor.

 

La columna es una estructura ósea tubular y flexible compuesta por vértebras.

 

Está diseñada para proteger la médula espinal, que es un conducto formado por tejido nervioso muy delicado, del que salen nervios por cada espacio vertebral hacia TODO el cuerpo.

 

Una deformidad, mala alineación, compresión o cualquier otro proceso generará dolor, bien en la propia columna, bien en los nervios afectados. Pensemos en la famosa ciática, que no es otra cosa que dolor en la pierna debido sobre todo a una comprensión del nervio correspondiente a la altura de la columna.

 

En lo que tú te tienes que fijar para sospechar de un problema de columna incluye caminar raro (de las patas traseras o delanteras), tropiezos frecuentes, con o sin obstáculos, cojeras leves ocasionales, poca tolerancia al ejercicio, descoordinación o “torpeza” habituales, rechazo a la presión en alguna parte de la zona dorsal (por ejemplo al cepillar con energía), o arrastre de las manos o pies al caminar.

 

Esto último es sutil, y se puede ver en las huellas que quedan cuando el perro trota sobre nieve o arena mojada.

 

El diagnóstico simple se realiza mediante radiografía bajo sedación, pero a veces es necesario hacer un TAC si se sospecha de una lesión y ésta no es claramente visible con una radiografía.

 

Aunque primero hay que realizar un examen neurológico que determine a qué altura está la lesión.

 

El tratamiento varía  mucho según la causa del problema y lo avanzado que esté. Los antiinflamatorios y la moderación de la actividad física serán las medidas mínimas a adoptar que tendrán una incidencia directa sobre el comportamiento, si la lesión no es de origen infeccioso.

 

Patologías dentales

 

Muchos perros tienen problemas de boca, y casi ninguno se queja por ello. Sin embargo es un sitio a revisar cuando un perro muerde, ya que ciertas patologías dentales producen un dolor que puede llegar a ser muy intenso. La periodontitis y la rotura de piezas dentales (con exposición del nervio) son las causas más frecuentes de alteraciones orales que inciden sobre el comportamiento.

 

Patologías auriculares

 

Muy frecuentes y de fácil diagnóstico, pueden ser muy dolorosas. A menudo tienen tratamiento, aunque llevarlo a cabo puede ser complicado precisamente porque el dolor generado hace que tu perro esté a la defensiva (o directamente agreda) ante cualquier acercamiento a sus orejas.

 

Patologías oculares

 

Las más sencillas suelen verse fácilmente por otros síntomas además de cambios de conducta, y se curan también con relativa facilidad, así que no profundizaré más.

 

Pero existen patologías que producen una merma de la visión e incluso ceguera, y si bien no son necesariamente dolorosas, sí generan ansiedad y miedo en muchos perros. Y estas emociones van a tener una gran influencia en la conducta cotidiana.

 

Artrosis

 

Aparece habitualmente en perros mayores, y produce dolor.

 

Se observa un desgaste excesivo del cartílago articular que no se regenera a la velocidad suficiente. Debido a ello los huesos de las articulaciones afectadas rozan entre si cuando el perro se mueve.

 

Lo primero que se ve es cierta resistencia del perro a subir escaleras o al coche.

 

Y más adelante, puede que observes que por las mañanas se levanta algo rígido, y que se le pasa a los pocos minutos.

 

En algunos casos puede que tu perro se lama insistentemente las muñecas, a veces hasta quitarse el pelo: tiene una sensación de hormigueo en las articulaciones y trata de aliviarla así.

 

El tratamiento es conservador, incluye antiinflamatorios y condroprotectores, y adaptar la actividad física a la edad de tu amigo: si le dejas parado se anquilosará, si le das paseos largos sufrirá más.

 

Existen tratamientos más sofisticados, como los que emplean células madre. Para saber más de ellos tendrías que consultar con tu veterinario, J.

 

2 Patologías de órganos internos

 

Dentro de las diversas enfermedades que puede padecer un perro y que tienen gran influencia sobre su conducta destacan:

 

Patologías hormonales

 

Las más frecuentes son el hipotiroidismo y el hiperadrenocorticismo, que suelen presentarse en perros de más de siete años.

 

En la primera hay un defecto de hormona tiroidea, y en la segunda un exceso de cortisol, la conocida como “hormona del estrés”.

 

Son enfermedades crónicas de evolución muy lenta y síntomas inicialmente muy inespecíficos y fácilmente achacables a la edad. Y la influencia de estas enfermedades en la conducta es muy grande.

 

Ambas se diagnostican mediante análisis de sangre, y cuando están empezando no son fáciles de detectar debido a la producción cíclica de las hormonas, que aunque estén altas o bajas, no es así todo el tiempo, solo tienen picos de exceso o defecto alternando con momentos de concentraciones normales.

 

El tratamiento no cura la enfermedad, pero resuelve con bastante eficacia la sintomatología y mejora el humor de los perros afectados.

 

También merece una mención el hipoadrenocorticismo. Es poco corriente, aparece en perros jóvenes, y es el proceso contrario al hiperadrenocorticismo: la glándula produce poco cortisol. Y ante una situación de estrés el organismo no es capaz de adaptarse y curiosamente enferma.

 

Los síntomas más habituales son cuadros digestivos de leves a graves, temblores y calambres, y dolor abdominal más o menos intenso.

 

Tampoco se cura pero la mejoría es enorme con un tratamiento en pastillas que supla las hormonas que no se están produciendo.

 

Tumores cerebrales

 

Todo el mundo entiende que un tumor cerebral pueda afectar a la conducta. Pero cuesta más darse cuenta de que durante meses o años tal vez la conducta alterada sea el único síntoma visible que indique que hay un tumor cerebral.

 

Se diagnostican mediante TAC, y normalmente no tienen tratamiento, el pronóstico es malo.

 

Hidrocefalia

 

Esta patología es sobre todo congénita (aunque hay otras formas), y es muy habitual en razas miniatura, destacando de manera notable el chihuahua.

 

En la hidrocefalia el líquido que el sistema nervioso produce de modo natural para mantener el cerebro protegido dentro del cráneo no se drena correctamente y se acumula.

 

Eso hace que la presión dentro de la cabeza aumente, y como el espacio es limitado por los huesos, es el tejido nervioso el que sufre dicha presión.

 

Por otro lado, las “fisuras” del cráneo, llamadas fontanelas, que están sueltas al momento del nacimiento del cachorro, pueden no fusionarse correctamente durante el desarrollo, debido al aumento de la presión intracraneal.

 

Esto deja al cerebro desprotegido, pues la principal misión de la caja craneana es precisamente proteger al delicado cerebro de golpes.

 

Es habitual observar en los perros afectados un abombamiento de la frente y estrabismo ocular o “bizquera” (los ojos se desvían hacia los lados dejando ver la parte blanca), entre otros síntomas.

 

Las alteraciones de comportamiento que se observan van desde lentitud en el aprendizaje, tendencia a las conductas de agresión y/o excitabilidad elevada hasta convulsiones e incluso la muerte.

 

La evolución en el tiempo es variable, por lo que es difícil establecer un pronóstico. El tratamiento va encaminado a controlar la presión intracraneal.

 

¿A que vas a empezar a mirar a los chihuahuas con otros ojos? :)

Patologías hepáticas

 

El hígado es un órgano muy importante que realiza múltiples funciones a nivel general. Cuando falla por cualquier razón, puede dejar de metabolizar ciertas sustancias, que quedan libres en la circulación, y a concentraciones elevadas pueden afectar al sistema nervioso y alterar el comportamiento.

 

También puede que en una enfermedad hepática el hígado libere sustancias que en sí mismas resulten tóxicas para el cerebro.

 

Destaca la encefalopatía hepática como alteración del hígado que  afecta directamente al sistema nervioso. En esta enfermedad se presentan conductas extrañas.

 

Normalmente un análisis de sangre complementado con una ecografía abdominal permite valorar el estado del hígado. El tratamiento y pronóstico varía en función de la causa y lo avanzado del daño hepático.

 

Patologías renales

 

Los riñones trabajan duro cada minuto para eliminar muchas sustancias de la sangre y expulsarlas en la orina: son la depuradora del cuerpo.

 

Existen muchas enfermedades, congénitas o debidas la edad, infeccionas, tóxicas, degenerativas…. Que afectan a los riñones.

 

Si los riñones bajan el ritmo, hay ciertas sustancias tóxicas que se acumulan en la sangre y tienen influencia sobre el funcionamiento del sistema nervioso.

 

En procesos renales crónicos, sobre todo si son de nacimiento, puede que ese comportamiento extraño o descontrolado sea la única señal de que algo va mal.

 

El diagnóstico y tratamiento sigue el mismo protocolo que para un problema hepático.

 

Patologías cardíacas

 

Hay determinados problemas cardíacos, especialmente los congénitos, que van a dar lugar a un riego insuficiente de los tejidos, incluido el cerebro.

 

O dicho de otro modo, un corazón que falla en su trabajo va a suponer una escasez de oxígeno crónica en todo el cuerpo. Y el cerebro es muy sensible a la falta de oxígeno.

 

Esta situación deriva fácilmente en comportamientos anormales.

 

El diagnóstico de una patología cardíaca se lleva a cabo mediante auscultación, ecografía torácica y electrocardiograma, si es preciso.

 

Y el tratamiento y pronóstico dependerán totalmente de la patología que se detecte.

 

Procesos infecciosos que afectan al sistema nervioso

 

Y termino esta lista con infecciones que afectan directamente al sistema nervioso. Destacan dos: la leishmaniasis y la toxoplasmosis.

 

La toxoplasmosis es  muy popular pero en realidad muy poco conocida. En el caso de personas, existen estudios que vinculan ciertos tipos de esquizofrenia con la presencia de Toxoplasma en el cerebro. Eso ya da qué pensar.

 

La leishmaniasis o “enfermedad del mosquito” es muy corriente en casi toda España. Al tratarse de un parásito que se desplaza por la sangre, aparece casi en cualquier órgano y afecta a todo lo que toca. Aunque existen una serie de síntomas habituales, puede dar lugar a casi cualquier manifestación física.

 

Tiene dos efectos sobre la conducta: uno es debido al daño que produce en los distintos órganos, destacando la artritis (dolorosa), la afectación renal, y las afecciones oculares.  Y el otro debido a que se instala también en el cerebro, alterando su funcionamiento.

 

Se diagnostica mediante análisis de sangre, y el tratamiento y  pronóstico depende de muchos factores, no me extenderé más en ello.

Si eres de los que prefiere entender las cosas con ejemplos en vez de con teoría, aquí tienes unos cuantos para acabar este artículo. 

¡Ah! y no olvidéis visitar su blog http://www.comunicacionyrespeto.com/blog/ en el encontraréis muchísimos artículos que os ayudarán indudablemente a entender mejor a vuestros perros.       

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