La relación entre

la salud y el comportamiento

(CASOS CLÍNICOS)

Irene Pérez Piñel

1. Lara muerde a los desconocidos

 

Lara es un pastor alemán de 35 kilos y tres años de edad que vive en un piso con una pareja joven.

 

Desde hace mucho tiempo se muestra reacia al acercamiento de personas desconocidas, y en las últimas semanas ha intentado morder a dos de ellas cuando querían acariciarla.

 

Muestra un alto grado de reactividad ante la presencia de extraños, aunque no de todos: ladra, tira mucho de la correa y enseña los dientes.

 

Ha pasado ya por un adiestrador, que lleva un año trabajando con ella, pero aparte de no ver avances, los dueños no se sienten cómodos con lo que hacen con su perra: la idea básica es colocarle un bozal para que no pueda hacer daño, y provocar  la situación que la activa para así administrar una corrección severa en el momento justo y que aprenda a no alterarse con los extraños.

 

Entre otras muchas medidas el adiestrador les ha explicado que es un perro de trabajo y que deben cansarlo físicamente para que esté tranquilo, por lo que les manda hacer 20 kilómetros de bicicleta al día.

 

Los dueños cumplen al pie de la letra lo que les indican, sin resultados. Y lo pasan mal cuando embozalan a su perra y peor cuando ven las correcciones a que es sometida una y otra vez.

 

Así que buscan una segunda alternativa.

 

Tras observar cómo se mueve Lara les pregunto si estarían dispuestos a realizar una radiografía para valorar la posibilidad de una displasia de cadera.

 

Y me responden que no hace falta: esa displasia existe, lo saben desde hace más de un año (diagnosticada por traumatólogo) y que en la última revisión el veterinario se asustó al ver el gran empeoramiento que observaba en la placa, que  parecía de un perro de 12 años en lugar de la de uno de 3.

 

Una vez superado mi asombro por el hecho de exigir a un animal con un claro problema físico que corra 20 kms al día, les replanteo todo lo hecho hasta ahora.

Lara tiene un problema físico que le ocasiona dolor. Ese dolor le lleva a mostrarse reactiva, en su caso frente a personas desconocidas.

 

Tanto el manejo a base de de correcciones como los paseos intensivos están empeorando el cuadro, aumentando el dolor y el estrés, y por lo tanto, lejos de mejorar, empeora.

 

En consecuencia, el nuevo manejo debe ir encaminado a reducir la presión, mitigar el dolor, y modificar las pautas de ejercicio.

 

Lógicamente nada de bozal, ni de provocar situaciones, ni de corregir, tanto en contextos controlados como en el día a día. Les ofrezco a los dueños alternativas de manejo para mantener unas normas de convivencia sin necesidad de presionar ni regañar a Lara.

 

Los paseos como tales quedan suprimidos. Les indico que  la saquen unos 20 minutos al día, a paso abuelito, y dejando que se pare y olfatee donde ella quiera y durante el tiempo que quiera.

 

Añadimos unos minutos de búsqueda de comida en hierba antes de subir a casa. También les explico juegos de nariz para hacer en el piso, así podrá estar ocupada pero no físicamente activa, y entonces conseguirá estar tranquila sin sobrecargar la cadera.

 

Hablamos con el traumatólogo para medicar para la displasia. Debido a su edad y a decisión de los propios dueños, se mantendrá a Lara con condroprotectores y un antiinflamatorio de base natural que le alivie el dolor.

 

Durante unas semanas les indico que darán a Lara unas vacaciones de estímulos molestos, o dicho de otro modo, los paseos cortos y tranquilos se darán evitando a los desconocidos. Si es necesario pueden usar el coche y marcharse al campo, donde a ella se la ve muy feliz. De paso así ellos también se tomarán un descanso emocional, pues toda esta situación hace tiempo que les desborda.

 

Tras unas semanas los dueños ven a Lara más tranquila en general, está contenta, tiene mejor apetito (la describieron como “mala comedora”) y les presta mucha atención.

 

También está más cariñosa y apegada a ellos y en los paseos ha mejorado su actitud (no siempre se puede evitar cruzarse con alguien, pero apenas ha reaccionado manteniendo las distancias, solo se la ve muy alerta).

 

Aunque  los dueños están contentos con la evolución y ahora entienden lo que le ocurre a Lara, hay que retomar la vida normal y debe volver a pasear en entornos urbanos, así que organizamos sesiones de desensibilización y contracondicionamiento con extraños, que son pocas y avanzan rápido porque efectivamente la actitud de Lara ha mejorado mucho, y en realidad no es una perra que tenga problemas con los desconocidos.

 

2. Micky es hiperactivo y lo destruye todo

 

Micky es un simpático perrito mestizo de unos diez kilos que vive en un piso con una pareja.

 

Tiene dos años, y siempre ha sido un animal inquieto, nervioso y con gran tendencia a la destrucción de objetos y mobiliario.

 

Por esta razón vive la mayor parte del tiempo en la cocina, donde casi no puede destruir nada. Duerme en el suelo, porque destroza cualquier cama o manta que se le ponga para descansar, y sale poco tiempo aunque varias veces al día, porque en la calle tira muchísimo todo el paseo y no obedece.

 

Por esta razón nunca le sueltan: la vez que lo hicieron escapó y tardaron dos días en encontrarlo. Los paseos, por tanto, son bastante desagradables.

 

Se lleva muy bien con otros perros, niños y personas desconocidas, aunque sus dueños alegan que “demasiado” ya que es “muy pesado saludando”.

 

Una vez revisado el entorno de Micky y el modo habitual de manejo, les preparo un protocolo con ciertas mejorías en el manejo y un aumento de la duración de los paseos.

 

A las dos semanas los dueños me comentan que ven un empeoramiento en la conducta de Micky, por lo que les recomiendo realizar un chequeo físico en busca de problemas ortopédicos.

 

Pienso que si empeora con el ejercicio es porque éste le causa dolor debido a alguna lesión preexistente.

 

Las radiografías descartan problemas físicos, pero sí encontramos alteraciones en los análisis de sangre. Tras alguna prueba extra el diagnóstico es de síndrome de Addison (hipoadrenocorticismo).

 

Es una rara patología hormonal por la que la glándula adrenal no fabrica suficiente cortisol, la conocida como “hormona del estrés”, e irónicamente eso produce serios problemas a la hora de adaptarse y responder adecuadamente a las situaciones de estrés cotidianas. En casos agudos puede ser mortal. Micky padece una presentación crónica.

 

Con esta información empezamos a tratar a Micky con las pastillas que necesita.

 

Tres semanas después su conducta ha cambiado radicalmente. Sus dueños dicen no conocer a su perro, que parece otro. La hiperactividad ha desaparecido, duerme mucho, está muy tranquilo en casa, en los paseos ha mejorado notablemente su actitud en todos los aspectos, y ha dejado de morderlo todo.

 

Micky es un claro ejemplo de la gran influencia de los factores internos en el comportamiento. Tiene una enfermedad seria, y los únicos síntomas detectables que ha mostrado en toda su vida han sido conductuales.

 

3. Pipo ha mordido a su dueño

 

Pipo es un ratonero de seis años que vive con una familia de cinco miembros en un adosado con jardín.

 

Según los dueños siempre ha sido “algo arisco”, pero de un tiempo a esta parte parece haber empeorado, y la semana anterior ha mordido a uno de los hijos. 

 

Según me cuentan, en general no es especialmente sociable con las personas desconocidas ni con otros perros.

 

Tras revisar el entorno y manejo que recibe Pipo, aprecio un perro con un elevado nivel de estrés que puede fácilmente achacarse a la gran cantidad de estímulos que recibe por parte de toda la familia, así como a unas rutinas inexistentes, entre otras cosas.

 

Aunque aprecio muchas cosas que se pueden mejorar en el día a día de Pipo, me llama la atención lo irritable y esquivo que le ve, por lo que realizo una exploración física.

 

Según los dueños es un perro sano y fuerte que nunca ha estado enfermo.

 

Pero de un vistazo aprecio una enfermedad periodontal muy avanzada y un desgaste excesivo de colmillos e incisivos, así como un molar fracturado.

 

Estos problemas dentales son muy dolorosos y podrían justificar el mal carácter de Pipo. Recomiendo a los dueños que acudan a un odontólogo veterinario que mejore el estado de la boca de su perro, y así lo hacen.

 

Tras las intervenciones clínicas y algunas indicaciones para que dejen de atosigar tanto a Pipo y respeten más su espacio, la familia ve una gran mejoría en su carácter en general. Está más contento y les busca más para jugar, no ha vuelto a gruñir, su expresión corporal ha cambiado e incluso ha querido jugar con el perro de un familiar, cosa que antes no quería hacer.

 

El dolor crónico es una causa habitual para explicar las conductas de miedo intenso, reacciones agresivas o conductas reactivas. No debemos infravalorar la presencia de dolor o su influencia sobre la conducta solo porque el perro no se queja o come o juega con aparente normalidad.

 

4. Jimena rehúye a otros perros

 

(Esta es mía). Jimena es un galgo español de ocho años que fue adoptado con dos.

 

Vive en una casa con terreno con una sola persona y otros dos perros. Es muy sociable con personas, adora a los niños, y le encanta jugar y correr con todos los perros con los que se encuentra.

 

Sin embargo lleva unas semanas mostrándose algo esquiva con sus congéneres. Tiende a evitarlos, y si se le acercan les ladra y se aleja. Cuando suceden estos encuentros se le erizan los pelos del dorso, lo cual es un indicador de miedo. No ocurre con todos los perros ni todos los días.

 

Al tratarse de un cambio de conducta importante en un perro mayor es casi seguro que se trate de un problema de salud. Aparentemente la perra está sana, mantiene su apetito y no se aprecia ningún síntoma de enfermedad (si no contamos como síntoma en cambio de conducta).

 

La exploración general es normal. Sin embargo los análisis de sangre no lo son. Tiene ciertos indicadores que sugieren un problema hormonal, en concreto hipotiroidismo. Los análisis hormonales confirman el diagnóstico.

 

Por lo tanto le administro a Jimena el tratamiento pertinente, unas pastillas de  hormona tiroidea. Y en pocas semanas vuelve a querer jugar con otros perros y les saluda con entusiasmo.

 

Los perros de más de siete años son considerados geriátricos, y empiezan a sufrir deterioros y alteraciones lentas pero constantes de sus órganos y glándulas. El resultado es que empiezan  a padecer enfermedades propias de la edad que tendrán cierta influencia (a veces mucha) sobre la conducta del animal.

 

Ante un cambio de comportamiento brusco, o un agravamiento serio de un problema ya existente, el primer paso debe ser siempre realizar un chequeo completo en el veterinario.

 

Si tratamos la enfermedad ahorraremos mucho tiempo y esfuerzo al no tener que aplicar protocolos de modificación de conducta que en realidad pueden no ser necesarios.

 

5. Cora se ha vuelto loca

 

Cora es una perrita de raza shi tzu de dos años que vive en un chalet con una pareja y  un niño pequeño.

 

Desde siempre se ha mostrado algo huraña con otros perros, a los que ladra mientras tira de la correa, pero lleva unas semanas en las que parece haber perdido el control, pues más que ladrar chilla y brinca y da giros, llegando en alguna ocasión a caerse al suelo, chillando aun más como si sufriera algún dolor.

 

Al observar a Cora frente a otros perros, su conducta me parece desmedida, ya que aparte de lo descrito por los dueños, que ya es excesivo, compruebo que le lleva varios minutos recuperar la calma una vez el perro ha desaparecido de su vista, y realmente más que ladrar chilla como si la patearan.

 

Cuando una conducta se ve desproporcionada en comparación con el estímulo, o es incoherente o parece tener poco sentido, es primordial empezar por un chequeo veterinario.

 

En el caso de Cora, lo primero que encuentro es un soplo cardíaco. Sus dueños ya lo saben pues se ha detectado durante las vacunaciones, pero al parecer el veterinario no le concedió importancia.

 

Le hacemos a Cora una ecocardiografía, unas radiografías de tórax y un electrocardiograma para poder concretar causas y consecuencias del soplo. Y encontramos una malformación congénita del corazón.

 

Un corazón que funciona mal no va a suministrar suficiente oxígeno a los distintos órganos del cuerpo, incluyendo al cerebro, y ese aporte reducido de modo crónico justifica comportamientos alterados y carentes de control, como en el caso de Cora.

 

Así que recibe su pauta de medicación para mejorar la alteración cardíaca, ya que no tiene cura; tendrá que tomarla de por vida.

 

Les indico a los dueños algunas pautas de manejo para ajustarse a su problema y no forzar al corazón a realizar un trabajo que no puede hacer, y le damos tiempo a ver qué ocurre.

 

Tras unas semanas su actitud con otros perros ha mejorado notablemente. Ahora muestra cierto miedo ante los perros grandes o muy bruscos, pero su conducta es totalmente coherente y fácil de identificar.

 

Iniciamos entonces unas sesiones para mejorar la gestión de ese miedo y para que los dueños aprendan a proteger a Cora de perros muy invasivos o que le asusten demasiado para que su corazón no tenga que soportar el exceso.

 

6 Pongo se hace pis en casa

 

Pongo es un pinscher miniatura de seis meses que ha sido recientemente adoptado por su dueño, un chico joven que vive solo en un piso del centro de la ciudad. Lo encontró vagando por las calles y al no localizar a su dueño decidió quedárselo.

 

Tras tres semanas de convivencia el dueño me consulta porque Pongo no consigue aprender a hacer pis en la calle. Tras preguntar, las pautas de salida me parecen correctas, y Pongo hace pis dentro y fuera de casa, así que decido explorarle.

 

Es un perro bastante delgado y se le ve muy nervioso, y aunque a la exploración no hay nada reseñable, el análisis inicial de orina si da alteraciones serias que sugieren un problema importante.

 

Realizo análisis de sangre, que sale claramente alterado en parámetros renales. La ecografía abdominal deja ver que la patología apenas afecta a la estructura del riñón.

 

La conclusión es que Pongo tiene un fallo renal congénito que hace que produzca mucho pis, y por lo tanto le resulta imposible hacerlo todo en la calle.

 

Le indico a su dueño el tratamiento y la dieta que Pongo deberá tomar el resto de su vida, a ver qué tal responde.

 

Al mes revisamos a Pongo. Su dueño afirma que lleva diez días sin hacer pis en casa, y que además la orina se ve más concentrada. Yo observo también que ha ganado peso.

 

En este caso Pongo tiene una enfermedad que alterará su conducta toda la vida, aunque podemos hacer bastante por mejorar. La causa inicial de la consulta se ha podido resolver, por lo que su dueño está satisfecho. Sospecho que la imposibilidad de “educar” a Pongo fue la razón por  la que sus anteriores dueños le abandonaron.

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